Nuestro buen amigo: el sol

 

En la búsqueda de energía:

En la lucha por mejorar las condiciones ambientales del planeta existe una misión que luce casi imposible pero que no lo resulta del todo si se toma en cuento las alternativas que existen para alcanzarla.

 

Esta misión es la sustitución de las fuentes de energía tradicionales (carbón, petróleo, gas natural y energía nuclear) por otras fuentes alternativas que garanticen el abastecimiento energético necesario y además contribuyan a mantener un equilibrio del ecosistema.

Sin embargo hay que aclarar que este proceso de sustitución tiene que realizarse en forma paulatina, pues de lo  contrario puede traer consecuencias fatales para la economía, no sólo de los países que dependen de la venta de productos como petróleo, carbón y gas natural; sino para de todos los países en general pues requeriría de una adecuación a las nuevas fuentes energéticas.

 

Existen varias alternativas que se han manejado para sustituir a las energías tradicionales, entre las cuales se encuentran fuentes tan antiguas como la biomasa, además otras que hacen especial énfasis en el aprovechamiento de recursos naturales como el agua, el viento y especialmente el sol, que a pesar de ser un yacimiento energético tan obvio no ha sido aprovechado.

 

En efecto, para nadie es un secreto que los rayos de sol son una fuente de energía prácticamente inagotable: la energía generada por el sol llega a la Tierra en forma de radiación electromagnética y puede aprovecharse para calefacción, agua caliente y electricidad.

 

La energía generada por el sol se debe a que los átomos de hidrógeno cuando se fusionan producen un átomo de helio y liberan gran cantidad de energía. Sin embargo sólo una pequeña parte de esta energía llega al planeta Tierra, pues la atmósfera refleja el resto hacia el espacio exterior.

 

Aplicaciones de la energía solar:

La energía solar tiene dos aplicaciones principales. Por un lado está la energía térmica que es cuando se aprovechan los rayos solares para producir agua caliente; por otro lado, está la energía fotovoltaica que consiste en generar electricidad a partir del sol, para lo cual se necesitan unas células conocidas como fotovoltaicas.

 

Una célula fotovoltaica es un dispositivo que convierte la energía solar en energía eléctrica. Aunque estas células fueron descubiertas por el físico francés Henri Becquerel en el siglo XIX, no comenzaron a utilizarse hasta bien entrado el siglo XX. De hecho fue la industria espacial, durante la década de los cincuenta, la que comenzó a utilizar células y paneles fotovoltaicos para producir electricidad. También se ha hecho costumbre su utilización en faros, boyas marinas y postes de socorro de las autopistas.

 

La energía solar fotovoltaica puede aprovecharse de dos formas diferentes. La primera sirve para aquellos que no cuentan con servicio eléctrico, pues consiste en el almacenamiento en baterías para utilizarlo cuando haya demanda.

 

La otra forma, que serviría para abastecer núcleos mayores, requiere de una central o planta de producción. Dicha central está formada por una serie de paneles solares (helióstatos) que reflejan la luz recibida hacia un punto particular.

 

El calor de la radiación solar calienta un fluido que puede ser agua, metales líquidos o sodio; el fluido caliente se envía a un generador de vapor que evapora el líquido para convertirlo en electricidad. Esta es insertada posteriormente en la red eléctrica general.

Aunque el proceso de conversión de la energía solar en electricidad no es muy complicado, hasta ahora ésta sólo representa (junto con la eólica) un 0,4 % de la producción energética mundial.

 

Además sólo se aprovecha el 17% de la energía emanada por el sol.

No obstante, en los últimos años ha habido un crecimiento bastante notorio de este tipo de energía. En 1999 aumentó en casi sien megavatios la capacidad acumulada y las ventas de células fotovoltaicas se han triplicado en los últimos años.

 

Japón y Estados Unidos lideran el mercado mundial de este tipo de energía, donde también se destaca Alemania. Otras naciones europeas también se han iniciado en el aprovechamiento de esta energía, pero los países con mayor potencial se aprovechamiento de la energía solar son aquellos ubicados en las zonas tropicales, pues en éstos es mayor la incidencia de los rayos solares.

 

José Luis García, portavoz de Greenpeace, señala que una de las principales ventajas de la energía solar es su nulo impacto en el ambiente, al igual que otras fuentes de energía alternativa. De hecho los especialistas estiman que la generación de un kilovatio de energía solar puede ahorrar una tonelada de dióxido de carbono anual.

 

Otra ventaja de suma importancia, que también comparte con energías como la eólica, es que todos los países cuentan con este recurso, aunque haya unos dónde sea mayor la incidencia que en otros. “Sol y viento lo tiene todo el mundo”, explica García.

 

Sin embargo, portavoz de Greenpeace explica que “el principal problema al que se enfrenta la energía solar es la falta de apoyo y escaso nivel de inmersión que ha tenido”. En efecto, la mayoría de los países tropicales están en vías de desarrollo y, por lo tanto, no cuentan con los recursos necesarios para adoptar estas fuentes de energía alternativa.

 

 

 

 
         
   
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